El desamor, al igual que cualquier síndrome de abstinencia, tiene características peculiares. El cerebro pierde estabilidad, por ende, se sufre de tristeza, enojo, frustración, ansiedad; pensamientos obsesivos compulsivos, etc. Como escribió Eric Fromm: “La falta de un vínculo emocional importante puede producir una sensación de angustia y vacío en el individuo, lo que lo lleva a experimentar síntomas de abstinencia muy similares a los de la adicción a una sustancia”.
Cuando se está en pareja, la gratificación que se recibe es instantánea. Basta con un mensaje o una llamada para conectar con la otra persona y recibir una descarga de dopamina que asegurará la estabilidad emocional de ambos. Sin embargo, tras un ruptura se pierden todos todos los beneficios emocionales, sexuales, afectivos, etc., y ahora, toca recuperar esa estabilidad física y emocional por cuenta propia, y a veces, podrá parecer imposible recuperar, ya que la responsabilidad y el empeño de cada individuo es fundamental para alcanzar un bienestar individual.
Amar tiene un precio, desear y ser deseado tiene consecuencias. Como en algún momento dijo Octavio Paz: amar, es el reconocimiento del otro. Y es que, amar tiene un costo muy alto, el cual se paga con la ausencia del ser amado. Pero ¿el humano se privará de amar, solo porque sufrirá dolor tras la pérdida?
Eric Fromm, en su libro “el arte de amar”, muestra un panorama acerca de este sentimiento, y califica al amor no como un simple acto, sino como un arte, por ende, él autor invita al lector a a practicarlo, mostrarle empeño, dedicación, y sobre todo, deseo. Y es que el amor empieza cuando el humano decide prestar su cuerpo, sentimiento, emociones, tiempo, dedicación, esfuerzo; pero sobre todo, cuando decide que aquella persona que desea amar, es irrepetible.
Retomando a Octavio Paz, él aseguraba que en cuanto elegimos a alguien, el resto desaparece; el mundo se hace pequeño, insignificante, todo pasa a ser tan meloso, delicado, alegre, que no importa nada, tan solo al ser que se decide amar. Y por supuesto, debe entenderse que no solo este amor se trata de una pareja, también puede ser un hijo, una mascota e incluso, uno mismo.
Para empezar, el amor radica en la libertad del ser. Fromm lo explica como una condición
meramente humana, porque para su razonamiento, es imposible amar a un objeto. Un objeto
se posee, y cuando el humano priva a la persona de su libertad, cuando se aferra a un recuerdo,
el ser amado pasa a ser una posesión, por ende se convierte en un objeto. Así que, para decir que se ama a alguien, las personas deben estar dispuestas a soltar al ser amado. Y puede sonar irónico, porque cuando se ama a alguien, lo único que se desea es compartirlo todo con esa persona, sin embargo, el tiempo y las circunstancias cambian; al igual que las personas.
Viktor Frankl, en el libro “el hombre en busca del sentido de la vida”, narra una historia de
un paciente suyo. El hombre era de la tercera edad, desde hacía años, su esposa, la que
tanto amó, había fallecido. La pérdida de su mujer lo sumergió en una prolongada tristeza,
que ningún terapeuta había sido capaz de socorrerlo. Así que, sin ánimos de más y sin tener
expectativas, decide buscar a Frankl.
En cuanto el paciente termina de relatar su historia, Frankl le pregunta: “¿Si en vez de haber sido tu esposa, hubieras muerto tú, ella como se encontraría en estos momentos?” Él anciano responde: Sin duda muy triste, sufriría mucho por mi muerte. Frank lo ve a los ojos y con una voz fría, responde: “Éstas son las consecuencias de haberle ahorrado todo ese sufrimiento a tu esposa”. El hombre, sin decir una palabra, decidió abandonar el consultorio, y nunca más volvió.
El amor, no es un acto egoísta, ni mucho menos narcisista, al contrario, es el acto más
humilde y desinteresado de todo lo que existe. Cuando alguien decide amar, no espera recibir
algo a cambio, ni mucho menos espera que sus actos hagan que el ser amado le de el doble o
triple de lo que está dando, al contrario, lo hace porque el ser amado simplemente “Es”, su existencia provoca deseo, felicidad, paz, estabilidad, compañía y seguridad.
Como escribió John Bowlby: “Las personas, al igual que los niños, desean estar cerca de aquellos que les brinda seguridad emocional, y esa cercanía puede manifestarse en deseo y atracción sexual.” Y como antes se explicó, no todo el amor es erótico. La atracción erótica tan solo es una expresión del amor.
En el libro “El arte de amar”, Fromm explica que el amor más sincero y desinteresado, es el de una madre. Una mujer, da, y nace con ese deseo — como siempre, hay excepciones —, según Fromm, la mujer da su cuerpo, sus emociones, sus sentimientos, su servicio. Y se ve desde el acto sexual, la mujer da su cuerpo para el coito; a su vez, también da el cuerpo para que el óvulo y el espermatozoide fecunde, y a su vez para resguardar, alimentar, desarrollar a un nuevo humano.
Así que cuando ve al niño salir de su vientre, no solo ve una nueva vida, ve una parte de ella. Por lo tanto, el autor usa para explicar que el amor debe ser como el de una progenitora. Ama a su hijo porque simplemente es su hijo, no lo ama porque recibe, no lo ama porque necesite de su amor, tampoco lo hace porque le genera paz; lo hace porque es parte de ella.
El amor es la cura contra el egoísmo, y es el acto más humano que alguien podrá hacer. Si amas, cuidarás, respetarás, valorarás; la persona será parte de ti, y darás sin esperar algo a cambio. Y es que este acto, empieza con deseo, antes de amar, deseas, y antes de desear, observamos, por lo tanto: El amor es una decisión.
Se construyen vínculos a través del conocimiento, pero también a través de la vulnerabilidad.
Y cuando las circunstancias te hacen creer que todo se perdió, casi todos quedan colocados en un limbo de incertidumbre. Sin embargo, no todo se pierde, porque una vez más, las personas vuelven a encontrarse con uno mismo, y el recuerdo queda para siempre. Por lo tanto, todos deben buscar buenos recuerdos, buenas experiencias, buenas personas. Porque si algo tiene el amor es que antes de darlo a alguien, debes dártelo a ti mismo. En eso radica un buen amor. No se puede dar más de lo que se tiene.
El miedo a amar por ser lastimado priva a las personas de uno de los actos más gratificantes
de la vida. Ver a una persona como única, habla de un sentimiento tan humano, que sin duda no puede y no debe ser escondido, antes, debe ser aprovechado y disfrutado, y al final, cuando todo haya terminado, quedará un recuerdo de aquello que alguna vez nació, creció y murió.
Al final, la existencia misma está condenada a terminar, no por eso, las personas van a vivir temerosas de que algún día morirán, antes, deben vivir disfrutando e intentando tener una vida digna; lo mismo sucede con el amor.
Al final de un buen amor, viene una resaca que durará algunos meses, sin embargo, la privación de no haber amado es un dolor que dura para siempre.





