Soberanía, autorreconocimiento e identidad afrodescendiente en América Latina: un estudio comparativo entre Yanga, México y Guachené, Colombia

Autor: Javier Orlando Hurtado Díaz

Introducción

Las comunidades afrodescendientes de América Latina han estado históricamente sujetas a procesos de esclavitud, exclusión y marginalización estructural, lo que ha limitado su participación en la definición de políticas de desarrollo territorial, cultural y social. Sin embargo, estas comunidades han desarrollado mecanismos de autorreconocimiento e identidad colectiva que fortalecen su soberanía territorial y cultural y facilitan la construcción de un sentido de comunidad afrodescendiente internacional. Este estudio se centra en dos localidades emblemáticas: Yanga, Veracruz, México, considerado el primer pueblo libre de esclavos africanos en América, fundado por Gaspar Yanga como líder cimarrón y símbolo de emancipación (INEGI, 2020); y Guachené, Cauca, Colombia, donde más del 90% de la población se identifica como afrocolombiana y preserva prácticas culturales, autonomía territorial y memoria histórica frente a las secuelas del conflicto armado. El artículo explora cómo la soberanía cultural, la identidad histórica y la filosofía comunitaria del Ubuntu contribuyen al desarrollo sostenible y la garantía de derechos humanos universales, enmarcados en la Agenda 2030 de la ONU.

Marco teórico

Colonialidad del poder y necropolítica

La colonialidad del poder (Quijano, 2000) sostiene que las jerarquías raciales y la desigual distribución del poder económico y político establecidas durante el período colonial siguen influyendo en la vida de las comunidades afrodescendientes. En este marco, la noción de necropolítica de Mbembe (2011) resulta fundamental para comprender cómo la violencia estructural y el conflicto armado han determinado quién puede vivir y quién queda expuesto a la marginalidad o la muerte en contextos históricos y contemporáneos. Escobar (2018) y Walsh (2009) destacan que las prácticas culturales afrodescendientes funcionan como formas de resistencia epistémica y social frente a la dominación occidental, permitiendo la preservación de la identidad, la organización comunitaria y la construcción de paz.

Autoreconocimiento y construcción de identidad

El autorreconocimiento constituye un elemento central en la construcción de la soberanía cultural y territorial de los afrodescendientes (Fanon, 1961; Hall, 1996). La música, la danza, la oralidad y los rituales comunitarios son vehículos de memoria histórica y resistencia cultural (Gilroy, 1993; Quintero Rivera, 2009). Estas prácticas permiten que la identidad afrodescendiente se reconozca no como una categoría estática, sino como un proceso dinámico en interacción con contextos sociales, políticos y económicos contemporáneos (Wade, 2010).

Soberanía comunitaria y derechos colectivos

La soberanía comunitaria implica la capacidad de los grupos afrodescendientes de gestionar sus territorios, recursos y prácticas culturales de manera autónoma, fortaleciendo la cohesión social y la resiliencia comunitaria (Escobar, 2008; Restrepo, 2013). En Yanga, la soberanía se manifiesta en la preservación de la memoria cimarrona y en festivales que celebran la historia de resistencia afro-mexicana (INEGI, 2020). En Guachené, se expresa en la propiedad colectiva de tierras, la preservación de tradiciones culturales y la participación activa en la toma de decisiones locales (Wade, 2010).

Desarrollo sostenible y derechos humanos universales

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU promueven igualdad, justicia social y protección ambiental, constituyendo un marco clave para fortalecer la participación de comunidades afrodescendientes en procesos de desarrollo inclusivo (ONU, 2015). La integración de los ODS en políticas locales permite vincular soberanía cultural, identidad histórica y derechos humanos universales, fortaleciendo la resiliencia comunitaria y la cooperación transnacional (ACNUDH, 2019).

Filosofía Ubuntu y construcción de paz comunitaria

El pensamiento Ubuntu, expresado en “yo soy porque nosotros somos”, enfatiza la interdependencia humana, la solidaridad y el bienestar colectivo (Lederach, 2005). En Yanga y Guachené, las prácticas comunitarias, musicales y culturales reflejan estos principios, fortaleciendo la cohesión social, la resolución pacífica de conflictos y la resiliencia frente a la violencia estructural (Walsh, 2009; Escobar, 2018).

Resultados y discusión

En cuanto a el reconocimiento constitucional y soberanía, La Constitución mexicana de 2019 reconoce a los pueblos afromexicanos en el Artículo 2, fortaleciendo su identidad cultural y derechos de autorreconocimiento (INEGI, 2020). No obstante, la implementación efectiva de políticas de desarrollo económico y cultural sigue siendo limitada. En este orden de ideas, la Ley 70 de Colombia (1993) reconoce derechos colectivos y propiedad territorial, pero enfrenta desafíos debido al conflicto armado, desigualdad y racismo estructural (Restrepo, 2013; Wade, 2010). La soberanía se mantiene a través de prácticas culturales comunitarias y festivales locales que fortalecen la identidad afrocolombiana.

Referente a algunos aspectos desde una perspectiva cultura, La música ha funcionado como vehículo de memoria histórica, resistencia y autorreconocimiento. En Yanga, los festivales conmemoran la emancipación de Gaspar Yanga, transmitiendo valores históricos y comunitarios (INEGI, 2020). Mientras que, en Guachené, la marimba de chonta, los bombos y los cununos acompañan festivales comunitarios, reforzando identidad cultural y cooperación social (Wade, 2010). Según Gilroy (1993), la música afrodescendiente articula experiencias históricas transnacionales de esclavitud, resistencia y emancipación. Hall (1996) destaca que estas expresiones culturales permiten la construcción de identidades dinámicas. Quintero Rivera (2009) enfatiza que la música colectiva refleja la lógica Ubuntu, promoviendo solidaridad, equilibrio y resiliencia comunitaria.

En materia de regulación legal internacionales y nacional para ambas localidades, se estudian aportes de los ODS de la ONU (2015) como promotor de estudio de derechos humanos y desarrollo inclusivo, destacando la necesidad de integración de los derechos culturales y territoriales en políticas locales (ACNUDH, 2019). Los marcos nacionales como la Constitución mexicana (2019) y Ley 70 de Colombia (1993) representan avances, pero es importante reconocer la persistencia de la brecha entre legislación y práctica, evidenciando la necesidad de estrategias que integren políticas públicas, participación comunitaria y preservación cultural (Wade, 2010; Restrepo, 2013). Así mismo, desafíos coyunturales como los siguientes:

Principales desafíos:

1. Racismo estructural persistente y exclusión social.

2. Vulnerabilidad territorial frente a conflictos por recursos.

3. Brechas en educación, salud y desarrollo económico.

4. Débil articulación entre marcos legales, políticas públicas y prácticas culturales.

A partir de dichos desafíos, el presente estudio propone contemplar un modelo de Desarrollo Afrocomunitario Sostenible basado en:

Autorreconocimiento: festivales, música y prácticas comunitarias.

• Articulación con ODS y derechos humanos: metas de igualdad, inclusión y sostenibilidad.

• Cooperación transnacional: redes afrodescendientes para intercambio cultural y fortalecimiento comunitario.

• Participación comunitaria efectiva: inclusión en toma de decisiones sobre territorios y recursos.

Discusión

La soberanía cultural y social de los pueblos afrolatinos, en particular de los afromexicanos y afrocolombianos, se ha visto históricamente limitada por un conjunto de factores estructurales y coyunturales que afectan su reconocimiento, participación política y desarrollo sostenible. La historia de exclusión y marginalización de estas comunidades remite a los periodos coloniales, cuando la esclavitud, la segregación racial y la imposición de estructuras de dominación europeas condujeron a la invisibilización de las aportaciones culturales y sociales de la población africana y sus descendientes en América Latina. En México, esta invisibilización ha generado la percepción errónea de que los afromexicanos carecen de identidad cultural propia, lo que ha dificultado la elaboración de políticas públicas inclusivas y la integración de su historia en el relato nacional (Velázquez & Iturralde, 2019; Serna Moreno, 2016). Las aportaciones de los afrodescendientes incluyen prácticas culturales, cosmovisiones, formas de organización comunitaria y tradiciones musicales que han enriquecido la sociedad mexicana y han conformado un tejido social diverso que, a pesar de su importancia, ha sido sistemáticamente relegado a la periferia del reconocimiento nacional. En este contexto, la implementación del Artículo 2, Apartado C de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos en 2019 representó un avance normativo al reconocer oficialmente a los pueblos afromexicanos dentro de la diversidad pluricultural de la nación, garantizando derechos de libre determinación, autonomía y desarrollo social; sin embargo, su aplicación efectiva enfrenta limitaciones debido a la persistencia de estereotipos raciales, desconocimiento histórico y discriminación estructural (Martínez Montiel, 2012; Flores Dávila, 2014).

En Colombia, la situación de los afrocolombianos presenta desafíos análogos, pero intensificados por décadas de conflicto armado, violencia estructural y desigualdad territorial. La región del Pacífico colombiano, especialmente los departamentos de Cauca, Chocó, Valle del Cauca y Nariño, concentra la mayor población afrodescendiente del país, siendo Guachené, Cauca, un ejemplo representativo donde más del 90% de los habitantes se identifican como afrocolombianos. La implementación de la Ley 70 de 1993, que reconoce la propiedad colectiva de los territorios, la identidad cultural y los derechos sociales de las comunidades negras, constituyó un hito normativo importante; sin embargo, la efectividad de estas disposiciones se ve limitada por la persistencia de conflictos territoriales, la violencia estructural y la falta de recursos para su implementación efectiva (Restrepo, 2013; Wade, 2010). Así, en ambos contextos nacionales, México y Colombia, las comunidades afrodescendientes enfrentan un doble desafío: por un lado, deben reivindicar su identidad histórica y cultural, y por otro, deben superar obstáculos estructurales que dificultan el pleno ejercicio de su soberanía comunitaria y territorial.

Los movimientos sociales afrodescendientes han desempeñado un papel central en la articulación de estas demandas, promoviendo la educación intercultural, la representación política, la protección del territorio y la preservación de los conocimientos ancestrales. En México, desde finales de los años 80 y principios de los 90, organizaciones afrodescendientes han trabajado en la Costa Chica de Guerrero y Oaxaca, así como en Veracruz, para visibilizar la presencia histórica de los afromexicanos, reivindicar sus derechos y contrarrestar representaciones simplificadas que no reflejan su experiencia concreta de mestizaje y pertenencia a sociedades regionales racializadas (Martínez Montiel, 2012; Serna Moreno, 2016). En Colombia, las organizaciones afrocolombianas han desarrollado estrategias de resistencia cultural y territorial que incluyen la preservación de prácticas comunitarias, festivales culturales, educación ancestral y reivindicación política, evidenciando la importancia de la memoria histórica en la construcción de identidad colectiva y en la promoción de la cohesión social (Escobar, 2018; Wade, 2010).

El marco jurídico internacional ofrece instrumentos clave para la protección de los derechos afrodescendientes y la consolidación de su soberanía cultural. La Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948, las conferencias internacionales contra el racismo, la discriminación racial y la xenofobia, y la Declaración del Decenio Internacional de los Afrodescendientes (2015-2024) han establecido principios de igualdad y prohibición de la discriminación como bases fundamentales para garantizar la participación de los pueblos afrodescendientes en la vida política, económica y social (ONU, 1948; ONU, 2015). No obstante, la brecha entre el reconocimiento formal de estos derechos y su aplicación efectiva en los contextos locales evidencia la persistencia de inequidades estructurales que limitan la capacidad de las comunidades afrodescendientes para ejercer su soberanía y autorreconocimiento.

La música y las expresiones culturales desempeñan un papel determinante en la preservación de la memoria histórica y la consolidación de identidad afrodescendiente. En Yanga, Veracruz, festivales que conmemoran la liberación cimarrona permiten la transmisión de historias de resistencia y libertad, fortaleciendo el sentido de pertenencia y cohesión comunitaria. En Guachené, la música tradicional del Pacífico colombiano, caracterizada por la marimba de chonta, los cununos y los bombos, funciona como un medio para transmitir conocimientos ancestrales, valores comunitarios y narrativas históricas vinculadas a la lucha por la autonomía territorial (Quintero Rivera, 2009; ICANH, 2021). Estas prácticas culturales reflejan la filosofía africana del Ubuntu, que sostiene que la identidad individual se construye a partir de la relación con la comunidad y enfatiza la solidaridad, cooperación y bienestar colectivo (Lederach, 2005). De esta manera, la música afrodescendiente no solo constituye un patrimonio cultural sino también un recurso estratégico para la reivindicación de derechos, la cohesión social y la construcción de paz, especialmente en contextos de marginación histórica y violencia estructural (Gilroy, 1993; Wade, 2010).

Los problemas limitantes para la soberanía de los pueblos afrodescendientes se manifiestan en la persistencia de racismo estructural, invisibilización histórica, desigualdad territorial y falta de acceso a recursos y representación política. En México, aunque el reconocimiento constitucional de los afromexicanos constituye un avance significativo, aún persisten barreras en la educación, la participación ciudadana y la visibilidad mediática, lo que reduce las oportunidades de desarrollo cultural y económico. En Colombia, la persistencia de conflictos armados, la presión de actividades extractivas y la falta de inversión en infraestructura y servicios básicos limitan la capacidad de las comunidades afrocolombianas para ejercer su autonomía y proteger sus territorios, afectando su desarrollo sostenible y derechos fundamentales (Restrepo, 2013; Mbembe, 2011).

La integración de políticas nacionales con lineamientos internacionales, como los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030 de la ONU, ofrece un marco para consolidar la soberanía afrodescendiente, siempre que se traduzcan en medidas concretas de inclusión, protección territorial, educación intercultural y participación comunitaria (ONU, 2015). La educación intercultural desempeña un papel estratégico para fortalecer el autorreconocimiento histórico y cultural, permitiendo que las nuevas generaciones comprendan la relevancia de su identidad y puedan participar activamente en la vida política y social de sus países. La transmisión de la historia afrodescendiente, la práctica de música tradicional y la promoción de festivales culturales se presentan como herramientas clave para reforzar la cohesión comunitaria y la construcción de una identidad colectiva sólida (Walsh, 2009; Hall, 1996).

El desarrollo de un modelo de implementación para garantizar la soberanía y los derechos afrodescendientes requiere la articulación de cinco elementos fundamentales: primero, el fortalecimiento del autorreconocimiento histórico y cultural mediante la educación, la investigación y la preservación de la memoria; segundo, la participación efectiva en la toma de decisiones políticas y económicas, asegurando la representación de las comunidades en instancias locales y nacionales; tercero, la aplicación y cumplimiento de marcos legales nacionales e internacionales, garantizando que los derechos de propiedad colectiva, autonomía cultural y acceso a recursos sean efectivos; cuarto, la preservación cultural y territorial, promoviendo festivales, música, rituales y prácticas comunitarias que refuercen la identidad afrodescendiente; y quinto, la cooperación transnacional afrodescendiente, creando redes de intercambio de experiencias y estrategias de desarrollo que fortalezcan la comunidad afrodescendiente internacional (Escobar, 2008; Quijano, 2000; Quintero Rivera, 2009).

La implementación de este modelo requiere superar desafíos coyunturales, como la desigualdad socioeconómica, la discriminación estructural, la violencia territorial y la falta de recursos. En este sentido, el reconocimiento formal de los derechos afrodescendientes debe ir acompañado de políticas públicas que aseguren su efectividad, incluyendo inversión en educación intercultural, protección territorial, promoción cultural y participación política. Además, el fortalecimiento de la visibilidad mediática y la difusión de la historia afrodescendiente son esenciales para contrarrestar estereotipos y fomentar un reconocimiento social más amplio. La música, los festivales y las prácticas comunitarias funcionan como vehículos de transmisión cultural y memoria histórica, consolidando la identidad afrodescendiente y reforzando la cohesión social, aspectos fundamentales para la construcción de procesos sostenibles de desarrollo y paz (Gilroy, 1993; Lederach, 2005; Wade, 2010).

En suma, los afromexicanos y afrocolombianos enfrentan un entramado de limitaciones estructurales y coyunturales que afectan su soberanía, autorreconocimiento y desarrollo sostenible. La invisibilización histórica, el racismo estructural, la marginación territorial y la desigualdad en la implementación de marcos legales constituyen los principales obstáculos para el ejercicio pleno de sus derechos. No obstante, la resiliencia de los movimientos sociales afrodescendientes, la preservación de la memoria cultural, la práctica de la música tradicional y la filosofía Ubuntu evidencian la capacidad de estas comunidades para reivindicar su identidad, fortalecer la cohesión social y participar activamente en la construcción de sociedades más justas e inclusivas. La integración de políticas nacionales con lineamientos internacionales de derechos humanos y desarrollo sostenible constituye una herramienta estratégica para consolidar la soberanía afrodescendiente, promoviendo la justicia social, la equidad y el reconocimiento cultural en América Latina.

Conclusiones

El estudio evidencia que soberanía, autorreconocimiento e identidad cultural son elementos clave para la construcción de desarrollo sostenible y garantía de derechos humanos en comunidades afrodescendientes. Yanga (patrimonio afromexicano) y Guachené (patrimonio afrocolombiano) muestran que la combinación de reconocimiento legal, preservación cultural y prácticas comunitarias fortalece cohesión social, resiliencia y participación ciudadana. La música afrodescendiente y la filosofía Ubuntu funcionan como herramientas estratégicas de autorreconocimiento, reconciliación y construcción de comunidad internacional. La integración de estas prácticas en políticas públicas, alineadas con la Agenda 2030 de la ONU, permite generar modelos replicables de desarrollo afro-comunitario que potencien autonomía cultural, cooperación transnacional y equidad social.

Referencias (APA 7)

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