I
Don Rafael viste un suéter café que aparenta ser de un gris oscuro debido al polvo, la suciedad y el sudor; lleva un sombrero tipo legionario que cubre parte de su cuello; y un pantalón gris oxford que ha resistido al desgaste de su labor. A sus 71 años, continúa trabajando en un pequeño taller de hojalatería.
Es un hombre delgado, de estatura casi promedio, un poco alto a comparación del varón mexicano y durante toda su jornada, lo acompaña un encendedor, una caja de cigarrillos y por supuesto, un cigarro entre sus labios.
—No soy jubilado, tampoco tengo otras entradas más que mi trabajo — dice Don Rafael, sosteniendo un cigarro entre sus dedos.
Ya desde las 8 de la mañana, andaba ajustando sus botas y alistándose para trabajar. A pesar de que el taller estaba vacío, ni un alma se movía entre los vehículos, ni las compresoras sacaban pintura o las lijas empezaban a tallarse con el metal de las puertas o los cofres magullados, para Don Rafael la jornada laboral empezaba desde temprano. Y así, cuando dieran las 5 o 6 de la tarde, dependiendo la carga de trabajo, podría regresar a casa.
—Me dicen que me veo bien a pesar de mi edad, tengo 71 años y sigo trabajando…
En México, existen más de 17 millones de adultos mayores. Y se estima que para 2 mil 30, este sector de la población representará al 15% de la ciudadanía en general, superando la población infantil de entre 0 y 14 años.
Sin embargo, ¿el país está preparado para esta nueva transición demográfica?
En 2025, Verónica Montes de Oca Zavala, coordinadora del Seminario Universitario Interdisciplinario sobre Envejecimiento y Vejez (SUIEV) de la UNAM, alertó que el 16% de los adultos mayores en el país están en situación de abandono o sufren algún tipo de maltrato.
Al ya no ser considerados como productivos y al enfrentar exclusión laboral, aunado a la percepción de ser “carga social”, las personas de la tercera edad son violentadas siendo abandonadas o aisladas en condiciones infrahumanas, cuando la vejez no es sinónimo de fragilidad, ni mucho menos de incapacidad, pero si de vulnerabilidad.
Para la Doctora Eloisa Guerrero Rodriguez, quien es médica geriatra y gerontóloga, asegura:
“Durante mucho tiempo hemos construido una imagen de que envejecimiento es deterioro, pérdida de funciones y dependencia (…) y esta imagen conlleva a que todos tratemos a los adultos mayores como frágiles. Sin embargo, es importante comprender que fragilidad no es lo mismo que vulnerabilidad. (…) el envejecimiento, por madurez biológica, conlleva una cierta vulnerabilidad del ser humano, entonces, si esta vulnerabilidad no se acompaña y no se cuida de manera correcta, con empatía y con educación, podemos conducir a que este umbral fisiológico lleve al deterioro del adulto mayor”.
Por lo tanto, un adulto mayor es una persona con necesidades y capacidades diferentes en las que prevalece aquello que todas las personas anhelan: sentirse amados, respetados, valorados y acompañados. A pesar de la madurez y la vulnerabilidad física y mental, en el adulto mayor aún se conservan intactos algunos sueños, anhelos, metas e incluso recuerdos de gran valor. Y son estas cosas las que aún lo mantienen feliz y perseverando para alcanzar algunas de estas.
Don Rafael esboza una sonrisa.
—(…) son muchos, son muchos, son demasiados que a pesar de mi edad, quisiera realizar, como agrandar mi casa, poner un negocio, son cosas que no he podido hacer, (…) son sencillos y a la vez imposibles por la falta de dinero…por eso no se puede lograr…poner algo sencillo, como una papelería o un tallercito pequeño.
Aún prevalece el deseo, y sobre los pensamientos nacen imágenes de sueño realizados, metas alcanzadas, y eso los mantiene vivos, esperanzados, en que algún día, si el destino les presta más vida, podrán ver materializados algunos de estos negocios, podrán ver la remodelación de su casa, y podrán levantar aquella cortina de metal para dar inicio a una nueva jornada laboral en su propio negocio.
Sin embargo, la falta de oportunidades y un sistema fallido hacen que gran parte de estos sueños se opaquen, y justo como lo dijo Don Rafael, “por falta de dinero, no se pueden lograr”.
En 2 mil 25, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) reportó que el 24% de este sector vive en pobreza, de los cuales 1.8 millones son mujeres y 1.4 son hombres y estimó que 500 mil viven en pobreza extrema. Ante la falta o ausencia de una pensión suficiente, la reducción de ingresos al jubilarse, la menor oferta de empleo informal y la falta de apoyo familiar adecuado, muchas personas de la tercera edad se ven vulneradas.
II
En más de una ocasión ha cambiado su fecha de nacimiento. Y cuando cuenta viejas historia acerca de cómo sus padres y sus abuelos se escondían en épocas revolucionarias entre los matorrales, los sembradíos de milpa, en roperos destartalados o debajo de casas de adobe para no ser llevados o violentados por bandidos y forajidos, siempre cuenta el mismo recuerdo.
—Yo acompañaba a esta chamaquita (ya no recuerda el nombre), íbamos juntas a la escuela. Recuerdo que siempre iba llorando mientras yo la llevaba del brazo. Su mamá siempre me la encargaba. Y apenas, su hija me dijo que su mamá dice, que tiene 100 años, si ella dice eso, entonces yo tendré cómo 107—asegura, siempre con una risa de placer.
Devora Martinez Ramos (No es el nombre que le dieron sus padres), disfruta del quehacer con animales y plantas. Tiene pollos, guajolotes, plantas, pequeñas aves y todos los días, sin falta, atiende a cada uno de ellos con el debido esmero que se les merece.
—A mi mamá no le gusta ver encerrados a sus pollos —dice su hija. —Apenas ve que los encierro, me regaña, y me dice que los animales no son para tenerlos encerrados. Pero a veces me caen mal, porque son latosos y picotean todo.
Irónicamente, Devora tiene pequeñas aves encerradas en jaulas. Todas las mañanas, junto con sus pollos y guajolotes, suele verlos andar por el patio. Y en cuanto a las pequeñas aves, suele escucharlas cantar, mientras les da alimento y les limpia su estancia.
Una vez terminada su labor, se sienta en una silla de madera o permanece parada junto a los árboles o las plantas. Y como ha hecho desde hacía décadas, toma un himnario y empieza a cantar.
—Ya me fallan mis ojos…pero aún desearía poder ver bien para seguir leyendo la biblia.
Desde su infancia, a sido fiel creyente en las enseñanzas que sus padres le inculcaron, y en sus palabras, lo único que desea es seguir viviendo, sin embargo, también es consciente de que, en algún momento, la vida se apagará, pero hasta que ese momento llegue, ella seguirá cuidando animales y plantas; continuará tejiendo servilletas; intentará seguir leyendo; pero sobre todo, continuará cantando y siendo fiel devota.
Para la Doctora Eloisa Guerrero, el envejecimiento activo va más allá de una alimentación sana, hacer ejercicio o tener una vida activa. Envejecimiento activo es poder participar en la toma de decisiones, con opiniones en la familia. La médica, asegura que los adultos mayores suelen perder esta capacidad de estar activos, ya que la misma familia y sociedad carece de educación para entender que las personas de la tercera edad “siguen estando vivos”, aún tiene la capacidad para poder elegir, participar, pero sobre todo, tiene la necesidad de ser escuchado. Y a pesar de la disminución de algunas de sus capacidades como auditiva o visual, ellos aún desean participar en actividades que les dé sentido a su vida.
Por lo tanto, para un adulto mayor, su autonomía es indispensable, no solo para mantenerse activo y saludable, sino también para seguir conservando su identidad y autoestima. Por lo tanto, la labor de la sociedad, es brindar estos espacios o condiciones para que el adulto mayor continué disfrutando y realizando como individuo, sin embargo, este sector de la población es el más vulnerable en este aspecto, ya que se les ha olvidado, haciendo que las personas de la tercera edad se vean obligadas a adaptarse a una realidad que no es la suya.
El mundo que ellos conocen ha desaparecido. Ellos recuerdan una sociedad no tan acelerada, con necesidades distintas y pasatiempos que ya han desaparecido, aunado a una moral que ha cambiado y que para la mayoría de adultos mayores parece estrechamente contraria a lo que alguna vez ellos conocieron o entendieron como correcto e incorrecto. Sin embargo, en vez de comprensión, amor, educación y cuidado, los más jóvenes y adultos, les han mostrado desprecio y rechazo.
Por lo tanto, la pregunta que suscita es: ¿Que estamos haciendo como sociedad para salvaguardar la identidad y autonomía del adulto mayor?
La sociedad debe entender que en esta última etapa de la vida, el adulto mayor tan solo se está recreando, adaptándose a estas nuevas características y posibilidades, por lo tanto, se les debe dar las condiciones necesarias para hacerlo de manera digna.
Pero también, surge una segunda pregunta ¿Qué están haciendo los más jóvenes para llegar a la vejez de la mejor manera? Porque algunos ven a las personas mayores como inoportunas sin darse cuenta que algún día, ellos llegarán a ser ancianos. Por lo tanto, la sociedad debe hacer conciencia para brindar las condiciones necesarias para una vejez digna, no solo pensando en sus abuelos o en los cientos de adultos mayores que han sido abandonados, sino también en la vejez que ellos quieren tener.
Por lo tanto, el mejor consejo para acompañar a un adulto mayor, es evitar la sobreprotección y el acompañamiento invasivo.
La sociedad debe aprender a conocerse, a poner límites y tener una comunicación clara y así permitir que cada individuo mantenga su propia salud y su propio sentido de vida.
—Eso-eso si no lo he pensado — dice Don Rafael manteniendo la misma sonrisa —quiero seguir viviendo para lograr lo poquito que pueda yo hacer…y adelante.
En seguida deja caer el cigarro que durante todo el tiempo de la entrevista mantuvo entre sus dedos. Pisa la colilla y lo último que queda del tabaco, y continúa
—Cuando necesites otra entrevista, avísame, me tomaste desprevenido.
En seguida se ajusta el pantalón, se acomoda el sombrero y se aleja para empezar con su trabajo.
Para Devora, su mañana es distinta, aquel día aún permanecía acostada en su cama. Ya pasadas las 10 de la mañana, recién estaba por levantarse, para bajar, desayunar, salir al patio y atender a sus animales.





