La deducción es un arte que todos tenemos, pero que pocos sabemos usar. Quizás lo más sensato para un médico que no prosperaba en su profesión fue usar ese sentido de deducción para aventurarse en nuevas pasiones y poder crear uno de los personajes policiacos más entrañables de la literatura escocesa, británica y mundial. Para Doyle, la vida fue un misterio que lo llevó por tragedias, días de hambre y recompensas; fijarnos en los detalles fue la mejor enseñanza que nos dejó desde hace casi 140 años, a través de Sherlock Holmes, una cosa elemental que hace diferencia en nuestras vidas día a día.
El más grande genio literato de la novela policíaca Sherlock Holmes fue Arthur Conan Doyle, quién nació el 22 de mayo de 1859 en Edimburgo en una familia próspera y acomodada, su meta de vida ya estaba escrita, él se dedicaría a la medicina. Mientras estaba matriculado en la Universidad de Edimburgo, el profesor y médico Joseph Bell comenzó a enseñarle a ver la vida con ojos más analíticos, posterior a la escuela de medicina, intentó ser arponero en diferentes embarcaciones. Sin darse cuenta, las experiencias en el mar crearon en su mente a uno de los personajes más famosos. El tiempo que pasó en estos barcos le ayudó a comenzar a escribir artículos sobre sus viajes, y en 1881, publicó su primer libro: “Tras los cormoranes con una cámara”. Un año después regresó a Inglaterra y conoció a su primera mujer con quien tuvo dos hijos, la muerte de uno de estos hijos influyó en su visión de la vida y de su literatura.


Inspirado en escritos de Edgar Allan Poe y con su poca experiencia en literatura, Conan decide tomar otro camino y publicar en 1887 su primera novela Estudio en Escarlata. Aquí apareció por primera vez el personaje que le traería fama mundial, Sherlock Holmes y su inseparable amigo el doctor Henry Watson. Un dato curioso de este personaje y su famosa frase: “elemental, mi querido Watson” no se popularizó por Doyle, sino por el actor Basil Rathbone, quien fue protagonista en la película Las Aventuras de Sherlock Holmes estrenada el 1 de septiembre de 1939.
El éxito fue tal que Doyle siguió publicando historias como El signo de los cuatro (1890), Las aventuras de Sherlock Holmes (1891-1892) y Las memorias de Sherlock Holmes (1892-1893). En 1893, harto de la popularidad mundial, que nunca tuvo como meta de vida, el autor mató a Sherlock en la historia de El problema final y teniendo que revivirlo a petición de sus fans.

Doyle no solo fue un maestro del género literario policiaco, sino que también incursionó en la ciencia ficción con su personaje el Dr. Challenger en obras como El mundo perdido (1912), Cuando la tierra lanzó alaridos (1928) entre otras. Al mismo tiempo, entró en el género histórico con obras como La compañía blanca (1891) o El brigadier Gerard (1903). Así como lo hizo Poe, el corazón de Doyle se hizo delator de su muerte el 7 de julio de 1930 al detenerse en un paro cardíaco. Su personaje permea al día de hoy no solo en la literatura, sino en otras artes como el cine.


Conan Doyle fue un claro ejemplo de las maneras en las que la vida te sorprende, encontró la fama sin buscarla ni quererla, creó un arquetipo nuevo para un personaje, revolucionando el género policiaco. Doyle mostró la necesidad de ser observadores y adaptables, porque quizá el camino que planeamos no sea el ideal, tal vez se debe intentar algo diferente para alcanzar lo mejor para nuestra vida.
Referencias bibliográficas:
Sadurní, J. (2024b, octubre 22). Sir Arthur Conan Doyle, el padre de Sherlock Holmes. National Geographic. https://historia.nationalgeographic.com.es/a/sir-arthur-conan-doyle-padre-sherlock-holmes_15337
Sir Arthur Conan Doyle (1859 – 1930). (s. f.). BBC. https://www.bbc.co.uk/history/historic_figures/conan_sir_arthur_doyle.shtml





